El trastorno de pánico

Imagine por un momento que está con su pareja. Es una noche perfecta. Cuando de repente se escucha un grito aterrador, “desalojen rápida y ordenadamente, existe una amenaza de bomba.” Está paralizado del miedo, el corazón late tan rápido que hasta puede escucharlo, le cuesta recuperar el aliento y comienza a marearse, cree, que en ese momento, podría realmente morir. Su instinto le dice que debe salir corriendo.

Ahora imagine esa misma velada encantadora y el mismo pánico con toda esa activación corporal, pero esta vez, no hay ninguna amenaza de bomba. Su corazón golpeando su pecho como un caballo a todo galope, sudoración, sensación de ahogo, dificultad para respirar, diarrea, temblores, inestabilidad, mareos, sensación de desmayo, escalofríos, sofocación, son algunos de los síntomas que podría sentir. Quiere salir corriendo del lugar, la desesperación lo invade. Es un gran desconcierto. ¿Qué puede uno pensar en esa situación? ¿Qué me está pasando, me estaré por morir, me estaré volviendo loco? .

Esta es la experiencia de aquellos que sufren de ataques de pánico. Imagínese estar pasando por una emoción de pánico aterradora, darse cuenta al mismo tiempo que no hay nada externo que la provoque. Luego de esos largos minutos que dura la experiencia, y como si el pánico vivido hubiese sido poco, queda además el temor a que vuelva repetirse. . Es lo que se denomina “miedo al miedo.”

Ahora bien, que es el trastorno de pánico y que se puede hacer para solucionarlo.
El ataque o crisis de pánico se caracteriza por un malestar muy intenso, acompañado de sensación inminente de muerte, que se inicia bruscamente y alcanza su máxima expresión aproximadamente a los 10 minutos de haber comenzado. Muchos pacientes relatan que los síntomas aparecen “de la nada”, sin aviso previo y en ausencia de estímulos externos que puedan desencadenarlos. Pueden aparecer mientras estos se encuentran realizando alguna actividad e incluso durante el sueño.

Los síntomas físicos más frecuentes son: palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, temblor, opresión torácica, junto con pensamientos como el miedo a morir, o volverse loco, o a tener un tumor cerebral. Sin embargo no todas las personas tienen los mismos síntomas ni estos tienen la misma intensidad.

Es común que aquellos que sufren estas crisis comiencen a depender de otras personas o de determinados lugares para sentirse seguros. En ese caso estaríamos hablando de un TP con Agorafobia.
Estas personas temen alejarse de los lugares considerados para ellos como “seguros”, sus casas, centros de salud, familiares cercanos, ante la eventualidad de padecer una nueva crisis de pánico o síntomas asociados a ella. Dejan de salir o lo hacen con mucho sufrimiento, dejan de hacer cosas nuevas se quedan solo con lo conocido, seguro y manejable.
La familia y amigos están asombrados por el cambio y suelen dar concejos muy bien intencionados pero poco funcionales.

¿Cuál es el tratamiento y cuándo es el momento adecuado para consultar?
La terapia cognitiva conductual junto con la farmacoterapia son los tratamientos de elección para el tratamiento de este trastorno. Si el cuadro es severo por la intensidad y frecuencia de las crisis el tratamiento farmacológico es imprescindible. Por eso es muy importante bloquear las crisis lo antes posible, ya que las mismas mantienen y alimentan el pánico reforzando, como dijimos antes, el círculo vicioso característico de estos trastornos. Las técnicas que se instrumentan desde el comienzo del tratamiento y la medicación ayudan a que el paciente se sienta más en control de la situación, sin el temor a estar a merced de los síntomas. Las crisis de pánico no desaparecen solas.

Tips para cuando sucede el ataque:
Dígase a si mismo:
“ no me voy a morir, lo que siento es sólo una sensación.
“solo dura unos minutos, ya se me va a pasar.”

Inhale por la nariz llevando el aire a la zona abdominal y suelte el aire lentamente por boca o inhale y exhale dentro de una bolsita de papel madera. Esto hará que se restablezca el equilibrio entre el oxígeno y el anhídrido carbónico en sangre.
Intente relajar los músculos del cuerpo, comience por soltar la mandíbula, esto hará que el resto pueda hacerlo.

Lic. Patricia Gubbay

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Publicado en Interés General.

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