Características de la Ansiedad Social o Fobia Social

fobia socialLa característica esencial del trastorno de ansiedad social es un marcado miedo o ansiedad a las situaciones sociales en los que el individuo teme ser evaluado negativamente por los demás.

El individuo con fobia social teme mostrar síntomas de ansiedad como rubor, temblores, sudoración, trabarse con las palabras o no poder mantener la mirada.

Algunas personas tienen miedo a ofender a los demás y en consecuencia ser rechazados. Una persona con miedo al temblor de manos puede evitar beber, comer, escribir o señalar en público. Algunas temen o evitan orinar en baños públicos cuando están presentes otras personas.

El grado y el tipo de miedo y de ansiedad pueden variar en distintas ocasiones. Por ejemplo pueden preocuparse a lo largo de semanas anteriores a asistir a un evento social.

El miedo o la ansiedad son desproporcionados al riesgo que plantea la situación e interfieren significativamente con la rutina normal de la persona.

Los individuos con ansiedad social pueden ser excesivamente sumisos. Pueden mostrar posturas corporales excesivamente rígidas o hablar con voz demasiado suave o no hacer contacto ocular. Pueden ser tímidos o retraídos o ser poco abiertos en las conversaciones.

 

Prevalencia

En la población general se han encontrado cifras más altas del trastorno de ansiedad social en mujeres que en los varones.

En Estados Unidos la prevalencia es de aproximadamente un 7%.

 

Desarrollo y curso

La edad media de inicio del trastorno de ansiedad social es de 13 años.

El trastorno a veces emerge a partir de una historia de inhibición social o puede surgir bruscamente después de una experiencia humillante o estresante.

La aparición en la edad adulta es relativamente rara pero puede aparecer luego de un evento estresante o después de cambios vitales como por ejemplo casarse.

 

Consecuencias funcionales de la fobia social

El trastorno de ansiedad social se asocia con alteraciones del bienestar como el empleo, la productividad laboral, el nivel socioeconómico y la calidad de vida. También se asocia con estar solo, soltero o divorciado y con no tener hijos sobre todo entre los varones.

A pesar de la angustia y del deterioro, la mitad de las personas con este trastorno nunca buscan tratamiento y si lo hacen es después de 15-20 años de experimentar los síntomas.

El aislamiento social crónico puede provocar depresión. El consumo de sustancias se usa como automedicación para los miedos sociales.