¿Sentís dolores o molestias sin explicación médica? ¡Quizás tu cuerpo te está hablando!

04/03/2026

¿Sentís dolores o molestias sin explicación médica? ¡Quizás tu cuerpo te está hablando!

04/03/2026


¿Alguna vez tuviste un dolor de cabeza fuerte, problemas de panza o alguna molestia física que los médicos no terminaron de explicar? No eres único. A veces, nuestro cuerpo nos avisa que algo no anda bien con nuestras emociones o el estrés que estamos viviendo. Esto se llama somatización.


¿Qué es la somatización en pocas palabras?
Imaginá que tu mente es un baúl donde guardás todas tus emociones, preocupaciones y el estrés del día a día. Cuando no podés sacar esas cosas, o no sabés cómo manejarlas, tu mente busca una forma de expresarlas. Y, a veces, ¡las expresa a través de tu cuerpo!
Así, la somatización es cuando problemas emocionales o psicológicos se transforman en síntomas físicos. Es como si tu cuerpo gritara lo que tu mente no puede decir. ¡Ojo! Esto no es que te lo estás inventando. El dolor o la molestia es real, aunque no haya una enfermedad física que lo cause directamente.


¿Cómo se «manifiesta» la somatización?
La somatización puede aparecer de muchas maneras, y varía en cada persona. Algunos ejemplos comunes son:
Dolores por todos lados: Puede ser dolor de pecho, de cabeza (¡esas migrañas que no se van!), de espalda, en los brazos o piernas, o incluso sentir que el corazón te late raro.
Problemas de panza: Vómitos, náuseas, diarrea, dolor de abdomen, o de repente, no podés comer algo que antes sí comías.
Molestias íntimas: En los hombres, dificultad para mantener una erección; en las mujeres, períodos irregulares o con mucho dolor.
Problemas de piel: Aparición de dermatitis, psoriasis, o picazón sin motivo aparente.
Síntomas «raros»: Desde sentir entumecimiento, hormigueos o debilidad en los músculos, mareos, como si te fueras a desmayar, hasta olvidarte de cosas importantes (amnesia) o perder el equilibrio.


¿Por qué nos pasa esto? Las razones detrás de la somatización
Es importante entender que no hay una única causa para la somatización, sino una mezcla de factores que nos afectan a cada uno de forma diferente. Algunas de las razones más comunes son:
El estrés y la ansiedad a tope: Vivir con mucho estrés o ansiedad por mucho tiempo es como tener una olla a presión en la cabeza. ¡En algún momento tiene que salir!
Traumas no superados: Si viviste situaciones difíciles, como pérdidas importantes, abusos o momentos muy estresantes, tu cuerpo puede guardar ese dolor y manifestarlo físicamente.
Emociones «guardadas«: Sentimientos como la bronca, la tristeza profunda, la frustración o la culpa, si no los expresamos o los ignoramos, pueden buscar una salida a través del cuerpo.
Nuestra forma de ser: Algunas personas son más propensas a somatizar, quizás porque les cuesta más manejar sus emociones o expresar lo que sienten. Incluso a veces no se percatan de sus emociones.


¿Cómo puede ayudarte la ciencia? La conexión entre cuerpo y mente
Sabemos que nuestro cerebro y el resto del cuerpo están súper conectados. El estrés y las emociones pueden afectar sistemas importantes de nuestro cuerpo:
El «piloto automático» de tu cuerpo: Nuestro sistema nervioso autónomo controla cosas que no pensamos, como el latido del corazón o la digestión. El estrés crónico puede desregularlo, ¡y ahí aparecen las molestias!
El centro de las emociones en tu cerebro: Una parte del cerebro llamada sistema límbico es clave para nuestras emociones. Si no manejamos bien lo que sentimos, esta parte puede influir en que el cuerpo reaccione.
Sensibilidad al máximo: A veces, nuestro sistema nervioso se vuelve más sensible a ciertas señales, tanto físicas como emocionales. Esto hace que sintamos más intensamente las molestias y emociones negativas.


¿Qué puedo hacer si siento que mi cuerpo me está hablando?
Lo más importante es recordar que cada persona es diferente, y lo que funciona para uno quizás no funcione para otro. Lo ideal es buscar la ayuda de un profesional de la salud mental, pero acá te dejamos algunos consejos que pueden ayudarte:
Conocé tus emociones: Intentá identificar qué sentís y aceptalo, en lugar de negarlo. Tu cuerpo puede estarte diciendo que hay algo que no estás queriendo ver.
¡Hablá de lo que sentís! Contale a alguien de confianza (un amigo, familiar o terapeuta) lo que te está pasando. Poner en palabras tus emociones suele aliviar el malestar.
Hacé cosas que te gusten: Dedicá tiempo a actividades que te hagan sentir bien y te ayuden a bajar un cambio.
Probá técnicas de relajación: La meditación, ejercicios de respiración o el yoga son excelentes herramientas para calmar la mente y el cuerpo.
Cuidate a vos mismo: Dormí lo suficiente, comé sano y hacé ejercicio. Un cuerpo sano ayuda a una mente sana.
Aprendé a decir «no»: Poner límites de forma amable pero firme es fundamental para no sobrecargarte.
Buscá ayuda profesional: Si sentís que no podés solo, que tus síntomas no ceden, un psicólogo puede darte las herramientas para conocer, manejar tus emociones y ayudarte a entender por qué tu cuerpo está reaccionando así.

Lic. Analía Urretavizcaya Psicóloga y Sexóloga Clínica.

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